En la última entrada hablaba sobre lo dura que fue mi primera temporada de exámenes universitarios y cómo lo más importante para mantenerte cuerdo es agarrarse a la cuerda que te echan aquellos amigos (familia) que están igual de perdidos que tú.
“Los amigos son los que están en las buenas y en las malas”
Cuando acabamos los exámenes las restricciones aún nos permitían juntarnos. Ese mismo día salimos del examen de economía en dirección a pisito Santiago preparados para vivir nuestra primera tarde juntos de la época post exámenes. Y la última (de momento).
No quiero aburrir con detalles que prefiero quedarme para mí; aunque diré que hubo una amplia variedad de comida basura, casi tanta como las canciones que pusimos, juegos de mesa, algunos poemas, intentos de cuerpo de baile, series de infancia, la nueva canción de Billie Eilish y mucho mucho amor.
El punto al que quiero llegar, como casi siempre últimamente, es la importancia de rodearte de personas con las que puedas compartir y sentirte tú misma; ser más tú misma. En casa ya sabía quiénes eran esas personas, pero a veces pensaba que al llegar a Santiago todo sería diferente. Puede que no me equivocase del todo, pero sí sé que he encontrado a gente para las buenas y las malas y con los que puedo hacer una “fiesta” que es tan yo como ellos.
El mundo es muy grande y nosotras muy pequeñas y a veces parece que cuesta mucho y que es casi imposible encontrar a gente con la que puedas hacer el imbécil, sentirte segura y hablar de las cosas más serias, discutir sobre política, educación y economía y al segundo siguiente bailar un reggaetón en la pista de tu salón.
Cuando era pequeña estuve siempre muy sola y apenas tenía amigos. Era la rara, la de los libros, a la que nadie quería en su equipo. A veces piensas que la culpa es tuya, que tienes algo roto y que nadie va a querer compartir tu camino. Vas aprendiendo que vale antes calidad que cantidad y que nunca serás de muchos amigos porque estás rota y es difícil quererte, porque a veces hablas mucho y otras sólo estás presente. Ojalá nunca nadie tuviera que pensar así. Ojalá no hubiera gente que se muere porque el mundo les hace pensar así.
Yo no estaba rota. Ni era rara. Ni una idiota. Yo no estoy destinada a tener pocos amigos y ser la chica solitaria que sólo puede llorar en unos brazos. Yo ahora sé que puedo dejar que me conozcan.
Para acabar enero
En las buenas y en las malas tengo una familia en cada sitio que piso.
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