Echo mucho de menos a los de siempre.
No me malinterpretéis, creo que soy feliz. Pero entre las hormonas de la menstruación y la lluvia, sólo puedo pensar que extraño mi colchón y estar a tres centímetros de los abrazos de mamá. Estoy haciendo amigos nuevos, creativos y geniales con los que puedo hablar de libros y pensar en proyectos a futuro. Visitar las librerías de Santiago o planear mi poemario. Para colmo, me gustan las clases (casi todas).
Tengo la certeza de que estoy en el lugar acertado y que no hay ningún otro sitio al que marchar que me pueda hacer sentir mejor, más lista o más valiente. Y aún así, me quiero ir a mi casa. Necesito a los de siempre, pero empiezo a tener miedo de llamarles y nadie me conteste. Me dan miedo las voces metálicas. Puede que necesite un corazón en el que descansar mis ojos.
Viernes vino R. a visitarme. No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y yo no sabía lo mucho que necesitaba unos brazos conocidos hasta que choqué con su muro de contención. Papelerías por la tarde y cenita a la noche. Tiritas para el alma. Sola ya no está la soledad.
El fin de semana acabó y volvió la realidad. Y sola está de nuevo soledad. Y a veces tiene ganas de llorar y no se siente suficientemente nada.
Aún así, tiene amigos nuevos. Es sólo que a veces la vida pesa demasiado y necesita quedarse en su cama; la de su casa con sonidos de pajaritos antes de dormir.
Echo mucho de menos a los de siempre.
Pero los de siempre, en realidad, no llevan tiempo. Y nunca sola está la soledad, me tiene a mi y a mi libreta de poemas. A toda la gente genial que en unos años serán los de siempre y me verán llorar.
De momento, me escondo en mi nueva casa y miro el sol marchar. P. me espera para cenar. ¿Me puedes abrazar? Tengo ganas de llorar. Mañana volverá a dolerme el estómago de la risa y a atragantarme con las que no puedes dejar de escapar.
Sola está la soledad; pero no por mucho tiempo.
llorando estoy
ResponderEliminarSola nunca está la soledad porque sabe elegir de quién se acompañar <3
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