Nunca te había visto
hasta que cambié de gafas
y lo único que señalaba
en ese mapa
de rincones ocultos
a la realidad
era la casa de los abuelos,
las torres de la catedral,
una sala de Fonseca,
el Obradoiro con amplificador
y los patitos de la alameda
Entonces,
Santiago abrió su telón
y ya no estaba ciega
ni era sólo zona vieja
Ahora,
El 5 y el 15 son números
de la suerte,
que me llevan de una
a otra casa,
y algunos pisos
segundas residencias
y hay caminos
que hacen resistencia
(y anestesia)
como sitios
donde empezar de nuevo,
arrancar de cero.
Ahora,
veo Santiago
con todo el daño
y es más bonito
porque parece de verdad
porque ya no son
cuatro sitios
con recuerdos idílicos,
balcones con filtro,
rincones ajenos
a la realidad.
Ahora,
veo el miedo
y la rabia,
no soy turista en mi ciudad
creo
y tiento el engranaje
de sitios que no voy
a visitar;
que son caminos
que quedan por andar.
Que estas calles
me han viso llorar,
jugar con fuego,
empezar de cero
Y ahora veo
Santiago diferente,
con otro color;
cálido amarillo,
aunque llueve de seis
a siete días semanales
Encuentro
o tanteo mi sitio
y aunque a veces
abandonado,
sucio
o destartalado
(cuando yo me despierto
con el pie equivocado)
este es mi Santiago,
el de verdad,
el que parece distinto
aunque yo
sea lo único
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Imagen de mi autoría |

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