Pues se ve que me he mudado. Que fuerte todo, ¿no?
Diría que no es para tanto, pero para mí lo es. Ayer, día 14 de septiembre de 2020 yo, Ana, hice de un piso en Santiago compartido con mi hermano mi nueva casa. En realidad, tengo suerte porque es un piso familiar en el que ya viví cuando era más pequeña y más suerte tengo de tener a Pablo (más aún en tiempos de coronavirus) que me deja la comidita hecha antes de salir a trabajar para que yo pueda acabar de ordenar mi desastre.
Mentiría si dijera que ayer no me entraron ganas de llorar porque después de terminar de montar un maravilloso escritorio del ikea (no me pagan la publi, ojalá) y tras empezar a pegar fotos en la pared, me di cuenta de que ahora mismo soy lo que viene a ser una adulta semiindependiente. Vamos, que a efectos prácticos toca sacarse las castañas del fuego.
Mis amigos están todos repartidos por Galicia, pero creo que estoy haciendo amigos nuevos (Raulico si estás leyendo esto, holiii :)) Me da mucha pena. En realidad esa es la verdadera razón por la que el agua de mis ojos se empeña en salir a pasear. Mis amigos son mi mundo conocido y yo no soy muy buena exploradora.
¿Qué más? Tengo la habitación lista y me quedó preciosa (tanto como las ilusiones que me estoy pintando en la cabeza). Pegar fotos es una ardua tarea; sobre todo si es media pared entera, y hoy a la mañana fui a un buen bazar de confianza a comprar una papelera y un perchero. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para mi.
Por ciertooo, ya estrené la farmacia. Superconsejito: Si vais a caminar mucho no llevéis unos tenis sin estrenar. Muac. El compit no salvará vidas, pero sí devuelve las ganas de vivir. Como anécdota, resulta que en mi expedición en busca de una farmacia iba con el google maps de brújula y una señora mayor se me queda mirando y le dice a una amiga (supongo porque tampoco pregunté): "Ahí va otra con el móvil" Imagino que hubiera estado feo contestarle que también me pierdo por mi aldea de seis casas contadas (aunque no deja de ser verdad).
La alameda sigue siendo de mis sitios favoritos y los helados de tiramisú resulta que están para morirse. Aún así, debo de ser una pésima neosantiaguesa porque todavía no fui de paseo a la catedral. Chica, los pies no daban para más. Mañana estreno el bus porque voy a ir a ver la facultad (por fuera, tampoco nos emocionemos) (aunque yo sí estoy bastante emocionada) ya veremos qué tal la experiencia.
No sé, pero yo me veo unos centímetros más alta. Sobreviví 24 horas sola y ya es más de lo que me esperaba. Ahora, sólo me queda preguntar ¿Dónde venden los carnets de adulta? ¿Puedo pedir que esperen un par de años más o me dan la L de novata?
Niños jugando a ser mayores y mayores que quieren volver a ser niños. Vaya contradicción.

Comentarios
Publicar un comentario