Feliz cumpleaños para mí. Hoy es, probablemente, uno de los días más surrealistas de mi vida. Si alguien me llega a decir que iba a pasar así mi dieciocho cumpleaños es probable que me hubiera reído en su cara; venga ya, una pandemia ¿Qué se supone que es eso?
Ahora enserio, creo que compadezco a la gente que tuvo que pasar su día en completa cuarentena y yo me alegro de que la situación se esté calmando. Mi mejor amiga va a venir a la tarde para que pasemos un rato juntas, espero que en el río, y luego a la noche tengo clases particulares para preparar selectividad (yupiii, pero de eso ya hablaremos otro día).
Mis planes en marzo eran muy diferentes; a estas alturas ya sabría si entro o no en mi carrera y estaría pasando los tres mejores días del mundo con mis amigos en la playa (pero en las gallegas porque el presupuesto no da para más y a mí me gusta el turismo autonómico); sin embargo, ahora ya no sé muy bien cuál es el plan.
Cuando llega este día, el 18 de junio, siempre me pongo a reflexionar sobre las cosas geniales que me pasaron en el último año y siempre digo que ese ha sido el mejor verano de la historia, aunque siempre lo hacía con la ilusión de que el verano de tus 18 tiene que ser el mejor de todos los veranos. Ahora soy consciente de que probablemente no sea así, pero no deja de ser uno de los más importantes. En menos de un mes tendré todo un abanico de opciones frente a mí y por primera vez seré libre de escoger. Eso es fascinante y aterrador a partes iguales porque siempre que he podido escoger la he cagado.
Creo que no soy la misma persona que hace un año, puede que incluso hace tres meses. Aun así, sigo sin ser la persona que de pequeña pensaba que eras cuando tenías 18. Cuando jugaba a las casitas mi personaje favorito era Sara, una chica de 18 años madre de mellizos y con todo muy claro, un novio fantástico y un trabajo maravilloso. Obviamente no era muy realista, pero la realidad es que siempre pensé que los dieciocho era algo importante; algo tenía que cambiar, tu vida empezaba a asentarse y tú a descubrir quién eres en este mundo de locos. Pobre ilusa.
Nada ha cambiado y aun así todo cambia a cada rato. Ahora puedo intuir ciertas cosas, como que aun habiendo hecho un bachillerato de ciencias si consigo entrar voy a estudiar periodismo y aunque me hace ilusión, tampoco puedo asegurar que no vaya a retroceder en mi decisión. Creo que lo que más ha cambiado no es que ahora sepa quién soy, es que aún lo sé menos; pero aprendo a vivir con ello.
Voy a vivir sola. En tres meses voy a vivir sola. Eso es gordo. Pero no me siento mayor, me siento muy pequeñita y recuerdo que hubo un tiempo en el que miraba a la gente que tenía la edad que ahora estreno yo, pensando que eran muy mayores. Me gusta pensar que cuando paso delante de los niños pequeños, ellos también me miran así; porque es bonito ver así el mundo. Ahora me doy cuenta de que esa gente, a la que yo miraba con los ojos muy abiertos, seguramente no se sentían tan mayores. Seguramente estaban igual de perdidos y asustados que yo y eso está bien porque estamos creciendo y todavía tenemos que cagarla mucho antes de acertar. Que ahora puede beber, votar o donar sangre no cambia quién era ayer a estas horas.
Cumplo 18 un día 18 y no me siento mayor, aunque lleve mucho tiempo esperando este día. Y eso está bien. Porque ahora hay otra gente a la que miro con los ojos muy abiertos. Porque si siguiera jugando a las casitas, Sara tendría veinticinco años, trabajaría como periodista e iría todas las semanas a visitar a sus padres, a la playa con sus amigos y a recitar poemas en las sesiones de micros abiertos. Cuando yo cumpla veinticinco Sara tendrá treinta. Nunca jugamos a ser quienes somos; pero si lo pienso bien, a mí lo que me gusta es ser la niña de los ojos bien abiertos que escribe todo lo que ve.
18 un 18, va ser un buen año. Para crecer. Para perderse. Para encontrarse en el camino. El 18 sigue siendo mi número de la suerte y tengo muchas ganas de aprovechar mis 18. Como cada año, sigue siendo una buena vida.
Se despide, una Ana un poquito más mayor por fuera y por dentro.

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