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QUE LLOREN A TU LADO


Te he obligado a decirme cuatro verdades a la cara y no te puedes creer como escuecen las cicatrices de dardos envenenados que he hecho que dispares. Lo peor es que creo que en el fondo no me conocías tanto como ambas pensábamos. Supongo que al final tenías razón y era yo la que me estaba poniendo zancadillas. A pesar de todo me engaño a mí misma diciendo que no tienes ni idea de lo que estás hablando.

Abrazo fuerte mis peluches a ver si vuelve algo de esa niña que jugaba hablando sola. Aunque duela reconocerlo ella nunca te habría contado sus problemas y ahora no tendría que estar desangrándose. Si quiero protegerme creo que debo dejar de tener el dedo preparado para pulsar el número de emergencia cuando suenen las sirenas.

Por primera vez en mi vida me siento sola de verdad y sin duda prefiero una mala compañía porque al menos sé a quién culpar.

Estoy pensando en todas las cosas que voy a hacer; pienso en Lisboa y en Irlanda. Intento mantener la cabeza ocupada y no dejar demasiado espacio para todos los fantasmas que acabo de matar porque de ilusiones también se vivía bien.

No puedo hacer que me quieran; así que, como estoy llorando y no sé por quién es, diré que es por la niña que se acaba de prometer guardarse los demonios para ella porque también merece que lloren a su lado.



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