Puede que no me sienta preparada para crecer todavía y que quiera que Peter Pan se quede en mi
habitación un rato más, pero entiendo que a veces tenemos que dejar de
aferrarnos. Supongo que ha llegado el momento de despedirme y solo dejar de
luchar contra natura.
A veces exploto y
lloro sin motivo y otras veces lloro por todas las cosas que no hicimos cuándo
tuvimos la oportunidad. Los amigos de toda la vida hacen amigos nuevos y a lo
mejor, aunque tú lo ofreciste primero, desayunan en otra casa y tú te callas
pues no debes ser egoísta porque eso solo alejaría más a los amigos de toda la
vida.
A lo mejor un día
pensaste que las cosas podían ser cómo antes o que al menos la molesta Campanilla de tu hombro derecho dejaría de molestar con palabras impropias sobre
la gente a la que quieres. No estoy enfadada, no creo que nunca lo vuelva a
estar, solo digo que ahora formo parte del grupo de viejos amigos; ese que solo
se ve en las reuniones de antiguos alumnos o una vez cada milenios para
recordar las fotos de los álbumes que empiezan a coger polvo en la estantería.
Fuimos los protagonistas de la mejor película de la historia y creamos
escenas inolvidables para jóvenes retinas; pero ahora que Peter se ha ido de
nunca Jamás, nos empezamos a hacer mayores y la gente se ha empezado a levantar
de sus asientos siento que soy la única en la sala y que simplemente espero paralizada hasta que los créditos abandonen la pantalla.
Solo lloro rezando para que quede algo más allá de los agradecimientos finales y que esto no haya sido nada más que una pausa para reflexionar.

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