Cae la noche y las estrellas parecen un poco más muertas desde que no alumbran nuestras
mentiras piadosas, la luna ya no nos ve perdernos por amor e incluso los
anocheceres son más solitarios.
Pienso en todo lo
que dijimos, pienso en lo demasiado que callamos, piensos en nuestras miradas
hablando a gritos. Pienso mucho desde que ya no te veo tocarme sin miedo a que
me rompa ante tus ojos.
Hace mucho que he
conseguido admitir que los momentos nunca vuelven, aunque sea el reconstruirlos
en nuestra mente lo que nos haga seguir con vida. Reconozco que las personas cambian
y que no eres el mismo que conseguía calmar mis miedos con un “al final no era
tan complicado” (recuerdo todo es más fácil si estoy contigo) Creo
que te equivocabas y que quizás era mucho más difícil de lo que parecía, o a lo
mejor simplemente soy especialista en complicar lo sencillo.
Recuerdo; los
mejores días de mi vida los pasé contigo, creador de sonrisas infinitas. Vuelvo
a ver las fotos en las que habitaremos para la eternidad y me veo tan feliz que
me cuesta imaginar porque no grité más alto que te quedases a mi lado. No sé
sonreír así desde que no existen los nosotros.
Hoy puedo decir
que te echo de menos, que extraño tus ojos persiguiendo mi sonrisa y tus dedos
buscándome las cosquillas, volverme valiente a tu lado y todos los te quiero
que callamos.
Recuérdame feliz
y dando saltos de alegría, acuérdate de mí bajo tus brazos o de mi media
sonrisa “me das la vida”. Recuerda la música y todas las conexiones que nos
unían a ella, como nos conocimos o los días en los que escapábamos del tiempo,
los viajes en los que el mundo no tenía fin y las tardes en las que no
podía desconectarme de tus labios. Yo no me voy a olvidar de ti.

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